Zona Cero || Pedro Segura: el empresario que confunde poder con impunidad

Roberto Santos // El desfile del Día de la Bandera en Iguala, un evento cívico y solemne, se vio opacado por una irrupción que desentonó con su espíritu institucional.

Pedro Segura, empresario acaudalado y obsesionado con el poder político, decidió hacer acto de presencia, irrumpiendo en el evento con sus caballos y, para mayor espectacularidad, haciendo volar uno de sus helicópteros sobre la multitud.

Lo que para él quizá fue una demostración de fuerza y diversión, para otros se convirtió en un episodio de sorpresa, miedo y enojo.

El sobrevuelo del helicóptero no solo generó desconcierto, sino que obligó a muchos a buscar refugio ante el viento y el polvo levantado por la aeronave.

El vuelo del helicóptero de ninguna manera fue una manifestación de respeto a la patria ni un homenaje a la bandera; fue una exhibición desmedida de poder, una forma de recordarle a la ciudadanía y a las autoridades presentes que, con dinero y desplantes, Segura cree poder imponer su voluntad sobre la institucionalidad.

Este episodio no es un hecho aislado.

La conducta de Pedro Segura ha sido consistente: siempre quiere ir más allá, incluso a costa de lo que podría considerarse prudente para alguien con aspiraciones políticas.

Su actuar desafiante lo ha llevado a confrontar directamente a otros actores políticos, sin medir consecuencias y vanagloriándose del dinero y la influencia que este le otorga.

Detrás de esa soberbia y desplantes, surge una pregunta: ¿qué hay detrás de esta constante necesidad de imponerse y de exhibirse con derroche y prepotencia?

No está claro si en Pedro Segura existe un vacío de reconocimiento, una necesidad de validación que lo empuja a actuar de manera desmesurada para sentirse valorado y admirado.

Lo cierto es que su comportamiento no es el de un líder con visión de Estado, sino el de alguien que busca ser visto, aplaudido y temido, como si el dinero y el poder fueran las únicas formas de construir identidad y trascendencia.

El problema no es solo su falta de respeto por los protocolos y las formas políticas, sino la señal que envía a la ciudadanía: ¿es este el tipo de liderazgo que necesita Guerrero?

Un hombre que confunde audacia con atropello, que se muestra impulsivo, que no respeta límites ni instituciones, ¿tiene la capacidad para gobernar con estabilidad y responsabilidad?

Su actuar deja claro que no.

Gobernar exige visión, mesura y respeto a la legalidad, no espectáculos improvisados ni desplantes de poder que rayan en la imprudencia y la locura.

Lo ocurrido en el desfile del Día de la Bandera es solo un síntoma de una actitud más profunda: la de alguien que cree que el dinero puede comprarlo todo, incluso la legitimidad política.

Pero la política no debería ser un escenario para la soberbia ni para las demostraciones de opulencia; es el espacio donde se construyen acuerdos, se respeta la institucionalidad y se ejerce el poder con responsabilidad.

Algo que, a juzgar por sus acciones, Pedro Segura parece incapaz de comprender.